Cuando escribí Humildad, había más palabras resonando en mi cabeza, en el dominio de las habilidades y características de los seres humanos. Esta obsesión no es sólo mía, ya hace casi 18 años del Good to Grate de Jim Collins y, en él, el autor ya daba como clave de esas compañías que habían alcanzado la excelencia el poner a las personas por delante.

Resiliencia no apareció en el diccionario de la Real Academia Española hasta 2014. De hecho, es hasta normal, porque como puede verse en los datos, era una palabra muy poco usada en nuestro idioma, un anglicismo, hasta que en la década de los 2000 su uso se disparó.

Uso de la palabra "resiliencia" en el corpus en español de Google Books, a lo largo del tiempo. Para los que os gusta jugar, aquí: https://books.google.com/ngrams

Pero mi intención no es tanto filológica, aunque sería divertidísimo elucubrar sobre el por qué del uso de este término disparado poco antes de vivir una importante crisis económica global, sino de ponerla en valor.

Los seres humanos empezamos a usar una palabra para hablar sobre la capacidad de recuperarnos de los errores, adaptarnos a la adversidad, volver a nuestro estado anterior después de haber estado sometidos a una perturbación. Y se me ocurren pocas capacidades más necesarias y útiles hoy en día, repito, desde un punto de vista humano, no corporativista.

De hecho, son las corporaciones las que deberían aplaudir e incentivar el talante resiliente, empujando y acompañando a los trabajadores a intentar dar lo mejor de sí, equivocarse lo antes posible, aprender como comunidad del error, levantarse y seguir. Sin embargo, todos hemos tenido la experiencia en algún momento (o momentos), en ocasiones se estila la cultura de la culpa que lleva al miedo y al inmovilismo.

Es más, y de aquí la segunda palabra del título de hoy, la mejor manera de aplaudir e incentivar a las personas es hacerlas accountable de sus acciones. Los que me conocen saben que soy muy fan de esta palabra. No he encontrado traducción directa al español. Hay quien lo hace por "responsabilidad" (aunque para mí, es la traducción de responsibility) y hay quien utiliza la locución "rendición de cuentas", quizá más acertada, pero nada atractiva y muy compleja.

La accountability no parte de la responsabilidad, de la acción, sino de la posesión de esta, de la propia voluntad sobre ella. En nuestra vida personal es muy fácil de ver, de hecho somos accountable de todas nuestras acciones en ese plano. Simplificando, la mayoría de las consecuencias que se deriven de ellas serán, sin discusión "responsabilidad" nuestra.

¿Conocéis compañías, grandes o pequeñas, donde se valoren a las personas resilientes y a las que se haga realmente accountable, que no sólo responsables de sus acciones y tareas?

¿Qué correlación hay entre esto y otros valores como la humildad, que trataba anteriormente?

Son preguntas complejas, de difícil respuesta y que, en ocasiones, parecen no convivir en demasiada armonía con otras preocupaciones del ámbito empresarial pero que, en los tiempos que vivimos, representan el verdadero reto a asumir.


unsplash-logoFoto de la portada de Karim MANJRA