27 de marzo de 2019

Ni bien, ni mal, ni todo lo contrario

En mi corta experiencia vital, de apenas cuatro décadas sobre la Tierra, he descubierto que hay muchas "zonas de confort" y que interactúan entre ellas.

Ni bien, ni mal, ni todo lo contrario

En mi corta experiencia vital, de apenas cuatro décadas sobre la Tierra, he descubierto que hay muchas "zonas de confort" y que interactúan entre ellas.

Algunas son propias, con nosotros mismos, que nos afectan y nos limitan. Otras, las más peligrosas, porque afectan a otros, aparecen en los sistemas, la sociedad, las organizaciones. En ocasiones, estos sistemas creen encontrar estados de estabilidad. Momentos en que se consiguen los objetivos y las estrategias. Muchas veces están en su propia área de confort y no lo saben.

De la misma manera que en lo personal, esta situación es limitante. La afectación extra, en este caso y de forma común, es vivida por personas brillantes que se ven apagadas y encerradas en tareas de poco valor.

Una organización sana debería de estar preparada para vigilar este comportamiento y salir de su zona de confort lo más rápido posible. Promover un estilo de liderazgo servil que permita emerger el reto e invite a ser mejor como conjunto en un entorno de seguridad psicológica.

Todo esto encaja con uno de los mensajes troncales en los que siempre acabo y que intento transmitir. La existencia de propósito y los valores humanísticos son la clave del éxito de una organización. De hecho, Humberto Maturana (biólogo y filósofo) dijo:

Pertenecemos a una cultura que piensa y actúa como si la armonía y el orden surgiesen de la exigencia y el control. La armonía no surge de la exigencia, sino de la coincidencia de propósitos, de la coincidencia de deseos; la con-inspiración en el vivir.

Con todo esto no quiero decir, en absoluto, que el control y la exigencia estén mal, y debamos convertir las organizaciones en una especie de comuna hippie (adjetivo que me han llegado a pronunciar hablando de aproximaciones ágiles a problemas), sino que debemos premiar la aproximación humana al valor por encima de este resultado numérico o beneficio económico y que, a largo plazo, esto nos ofrecerá un éxito mayor.

Aunque, como hoy me ha invitado a reflexionar una persona de las que parece que estuvieran tapadas por la organización, el bien y el mal son ideas creadas e inexistentes y los hechos en sí mismos están desprovistos de carga ética. Pero, sin embargo, no aprovecharte de esas capacidades, está mal.


unsplash-logoFoto de portada de Viktor Andersson