Esa mañana tenía que pasar por el despacho. La noche anterior había recibido una llamada de la mano derecha, después de haber estado hablando con ella también. Querían verla.

El despacho, en la vida laboral, representaba lo que el armario, o debajo de la cama, en la vida infantil. Un lugar normal, natural, pero en el que habitaban monstruos oscuros. Lo recordaba bien de años atrás, cuando estuvo en otros lugares más grises, con más caspa. En aquella época, entrar en un despacho al ser llamado, sólo quería decir que se iba a recibir una bronca o quizá algo peor.

Sólo hacía un par de días que había hecho pública su decisión. Primero, a los amigos, a los que quería. Después a su jefe. Luego a su equipo. Después ya fue público. Por eso no era de extrañar que hubiera quien se le dirigiera con el tema ya. Lo que no esperaba es que fuera de lejos y "arriba".

La organización ya había respondido, al fin y al cabo. Había intentado alguna cosa tímida, pero la decisión estaba tomado. Eso enturbiaba aún más cualquier idea que pudiera hacerse sobre la conversación que iba a suceder.

- ¿Cómo estás?

Sonrisa en la cara, tranquilidad en el rostro, aunque dejando entrever la tristeza por la pérdida inminente.

- Bien, los nervios ya han pasado, me da un poco de pena, eso sí.

- A nosotros también. Tiene cierto parte de fracaso el que alguien como tú decida irse, aunque estamos seguros que lo harás genial allá donde vayas.

- Sí, ha sido una decisión muy difícil de tomar.

- Nos encantaría entender el por qué, para nosotros eres una persona valiosísima.

A todo el mundo le gusta vivir ese momento. El golpecito en la espalda, sentirse valorado, poder explicar las razones que te mueven sabiendo que no serás juzgado. Al menos ya no serás juzgado.

- Es una mezcla de muchas cosas. En parte es por simple estabilidad.

- No puede ser algo tan sencillo.

- No, por supuesto. Siempre hay algo más emocional. No entiendo qué pasó el año pasado. No entiendo por qué acabó.

- Nosotros tampoco.

- Aquello dio vida a mucha gente. Nos entendíamos mejor que nunca, estábamos haciendo algo que era realmente nuestro.

- ...

- Y, de repente, todo se tornó gris. No quedó un ápice de aquello. Casi no podía, no me dejaban, ni volver a hablar con personas que hasta poco antes eran mis compañeras de mesa, de día a día.

- Siento oír eso.

- Ya es igual, lo he intentado, pero no me quedan fuerzas.

- Aquí vamos a seguir luchando.

Salió de allí y caminó de vuelta al que sería su sitio durante un puñado de días más, solamente. Volvía contenta y sorprendida. Preocupación, empatía, cariño. No eran los típicos monstruos que vivían en un despacho.

- Oye, aunque yo me vaya, aquí tienen que pasar cosas.

- Sí, en un sentido u otro, pasarán.

- Y tampoco quiero perder el contacto diario, tenemos que montar un grupo.

- Claro, dale.

- A ti se te da bien el naming, ponle un nombre.

- Mmm... La Resistance.


unsplash-logoFoto de portada de Rochelle Brown