7 de marzo de 2019

Inspiración, exhalación, sudoración

El pasado verano empecé a correr. Como con la meditación, fue un ejercicio propio, autoimpuesto, para mejorar yo mismo, para sentirme mejor. Formaban parte del conjunto de actividades que debían darme un entorno emocionalmente seguro para crecer.

Inspiración, exhalación, sudoración

El pasado verano empecé a correr. Como con la meditación, fue un ejercicio propio, autoimpuesto, para mejorar yo mismo, para sentirme mejor. Formaban parte del conjunto de actividades que debían darme un entorno emocionalmente seguro para crecer.

El Manifiesto Ágil, en sus doce principios, dice que hay que construir los proyectos alrededor de individuos motivados. Que hay que darles el entorno y el apoyo que necesitan y confiar en que harán el trabajo. Es uno de mis puntos favoritos, además de los más complicados porque exige una serie de capacidades "blandas" desde múltiples perspectivas que no siempre son fáciles de armonizar.

Paremos un instante a entender qué necesitan las personas (al menos en su ámbito laboral). En 2015, una gran empresa, un monstruo de Internet, Google, estuvo estudiando qué cosas habían hecho bien para ofrecerlas como prácticas e ideas a quien pudiera sacar partido de ellas. Fue el proyecto re:Work.

Uno de los resultados del proyecto fue justamente entender qué hacía que un equipo en Google fuese un equipo exitoso. La guía entera al respecto puede encontrarse aquí. Lo más curioso del caso es que los investigadores llegaron a conclusiones que distan mucho de que haya que formar equipos con los mejores ingenieros, con los currículums más brillantes o con las mejores capacidades.

Los individuos que forman los mejores equipos buscan, en este orden, cinco cosas:

  1. Seguridad psicológica
  2. Confianza
  3. Estructura y claridad
  4. Significado
  5. Impacto

Es decir, es el entorno el que hace a un equipo grande y no tanto las capacidades individuales de sus miembros. Los equipos necesitan saber que si cometen errores, grupales o individuales, no va a usarse en su contra; vivir con la tranquilidad de que si se dice que se va a hacer algo, se hará; disponer de un proceso de toma de decisiones efectivo y cristalino; sentir que lo que hacen tiene un propósito y que se lo hacen suyo, y que el trabajo que están realizando tiene un impacto en los objetivos de la organización.

Por supuesto, conseguir todo esto es un esfuerzo grupal y organizativo de mucha intensidad. Pero alcanzarlo tiene un impacto terriblemente positivo en una palabra que todos tenemos siempre en la cabeza: motivación. De hecho, en la motivación más poderosa, la intrínseca. Trabajar en la creación de este entorno es, como decía, un trabajo a dos bandas entre la organización y el propio equipo.

Cuando salí a correr por primera vez, sin haberlo hecho nunca y con un estado físico deplorable, paré a los 200 metros. Pero decidí caminar un rato, recobrar el aliento y volver a arrancar. Al dia siguiente fue casi un kilómetro. Cuando pude hacer los primeros cinco seguidos, aun exhausto, me sentí terriblemente satisfecho. Un cambio organizativo de este calado es un poco lo mismo, no va a salir bien a la primera, pero tenemos muchas pruebas, gracias a compañías como Google, de que vale la pena.

Inspirar, exhalar y sudar.


unsplash-logoFoto de portada de Emma Frances Logan