22 de julio de 2018

El talento quiere brillar

Hace un rato me encontraba un post en Linkedin, de una persona a la que respeto mucho, que lanzaba la pelota sobre cuál es el primer beneficio de ser Ágil.

El talento quiere brillar

Hace un rato me encontraba un post en Linkedin, de una persona a la que respeto mucho, que lanzaba la pelota sobre cuál es el primer beneficio de ser Ágil.

El compañero decía que era la posibilidad de cambiar de prioridades. Y aunque entiendo que lo formulaba de manera simplista para incitar al debate, aun entendiendo a qué se refería, no creo que este sea el principal beneficio.

Estoy obsesionado con los equipos y las personas. No hay modelo, ni empresa, ni negocio que no se aguante con ellas y para ellas. Por muy industrializado o automatizado que se observe.

Por eso comentaba en el debate que, a mi parecer, ese era el principal beneficio.

Los objetivos pueden (y deben) cambiar para adaptarse al paso del tiempo y las circunstancias. Pero de nada sirven si las personas que van a ejecutar acciones no se lo pueden hacer suyo.

Comentaba en el post de LinkedIn que lo que consigue la agilidad es organizar y limpiar todas las ineficiencias del “middle management“, dando poder a esa gente que, en realidad, han tenido las manos en la acción siempre.

Haciéndolo así, los objetivos se comparten, se hacen propios y sucede la magia.

Porque el talento quiere brillar. Y sólo hay que dejarle.